¡Pilas con esto! Los 10 errores más comunes al educar a tu peludo (y cómo darles la vuelta)
Todos queremos tener a ese peludo educado que se porta súper bien cuando vienen visitas o que camina tranquilo por el parque, pero la realidad es que educarlos es un proceso que requiere paciencia y mucha observación. A veces, con toda la buena intención del mundo, cometemos pequeñas fallas que los confunden y hacen que el entrenamiento no avance. Tranqui, a todos nos ha pasado. Aquí te contamos cuáles son esos resbalones más frecuentes y, lo más importante, cómo corregirlos para que tú y tu mejor amigo se entiendan a la perfección.
1. Regañar a destiempo
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El error: Llegas de la u o de la ofi, encuentras un zapato mordido y procedes a regañarlo señalando el desastre.
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Lo correcto: Los peludos viven en el presente. Si no lo pillas en el acto, ya no asocia el regaño con la acción de morder el zapato, sino con tu llegada. Si llegas y hay un daño, toca respirar profundo, limpiar y gestionar mejor el entorno para la próxima. Solo corrige cuando lo atrapes con las patas en la masa.
2. Falta de consistencia en las reglas
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El error: Un día lo dejas subirse al sofá porque estás viendo pelis, pero al día siguiente lo regañas porque se subió cuando tenías ropa limpia ahí.
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Lo correcto: Las reglas deben ser claras y aplicar siempre. Si el sofá está prohibido, está prohibido todos los días y para todos los miembros de la casa. La consistencia es clave para no confundirlos.
3. Repetir las órdenes como un disco rayado
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El error: Decirle “Sienta… sienta… ¡sienta! ¡SIENTA!” hasta que por fin lo hace.
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Lo correcto: Si repites la palabra cinco veces, tu peludo aprende que la orden no es “sienta”, sino “sientasientasienta”. Di la orden una sola vez con voz clara, dale unos segundos para procesarla y, si no lo hace, guíalo con un premio para que entienda lo que esperas de él.
4. Usar su nombre para cosas negativas
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El error: Gritar su nombre cada vez que hace algo mal o para regañarlo.
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Lo correcto: Su nombre debe ser siempre música para sus oídos, algo que le indique que vienen cosas buenas o que requiere su atención. Para corregir, usa una palabra corta y neutral como “No” o “Ah-ah”, y guarda su nombre para llamarlo, premiarlo o darle cariño.
5. Acariciar para calmar el miedo
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El error: Si se asusta con la pólvora, los truenos o un ruido fuerte, lo abrazas y lo acaricias diciéndole “pobrecito, no pasa nada”.
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Lo correcto: Aunque en humanos un abrazo reconforta, en el lenguaje canino acariciar en un momento de miedo refuerza ese estado de alerta, como si le dijeras “tienes razón en tener miedo, la situación es grave”. Lo ideal es proyectar calma, actuar normal e ignorar el ruido para demostrarle que el entorno es seguro.
6. Sobornar en lugar de premiar
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El error: Mostrarle la galleta primero para convencerlo de que haga el truco.
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Lo correcto: El premio debe ser una consecuencia, no un soborno. Primero pides la acción (ejemplo: dar la pata), esperas a que lo haga y, una vez cumpla, sacas el premio para recompensarlo. Así aprende a obedecerte a ti y no a la comida.
7. Olvidar el ejercicio mental
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El error: Pensar que con una caminata rápida de 10 minutos para ir al baño ya quemó toda su energía.
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Lo correcto: El cansancio mental es igual o más importante que el físico. Déjalo olfatear los árboles en sus paseos (es su forma de leer las noticias del barrio), usa juguetes interactivos o enséñale trucos nuevos. Diez minutos de olfateo lo cansan más que correr media hora sin sentido.
8. Aislarlo en su etapa de cachorro
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El error: No dejar que interactúe con otros perros, personas o ruidos por miedo a que se enferme, retrasando su etapa de socialización.
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Lo correcto: La socialización temprana es fundamental para evitar perros miedosos o reactivos en el futuro. Antes de que tenga todas sus vacunas, puedes sacarlo en brazos para que vea carros, escuche ruidos de la calle y conozca a diferentes tipos de personas de forma segura.
9. Tratarlo como a un humano
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El error: Esperar que entienda razones complejas, que sienta culpa (esa mirada de “yo no fui” es solo apaciguamiento) o justificar sus malos comportamientos porque “es que está resentido”.
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Lo correcto: Entender y respetar su naturaleza canina. Ellos se comunican de forma diferente, leen nuestro lenguaje corporal y se guían por instintos y asociaciones. Educarlo desde el respeto a su especie hace que la conexión sea mucho más real.
10. Perder la paciencia rápidamente
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El error: Frustrarte, alzar la voz o terminar el entrenamiento de mal humor porque no logró entender el truco rápido.
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Lo correcto: El aprendizaje toma tiempo. Mantén las sesiones de entrenamiento cortas (de 5 a 10 minutos), siempre positivas y trata de terminar la sesión con un éxito, pidiéndole algo que sí sepa hacer bien para que ambos se queden con una buena sensación.
